La ciencia ficción entró al aula, actuando como un fascinante puente temporal que conectó las realidades de dos generaciones, permitiéndoles, a partir de la narración, explorar juntos el territorio de lo posible.
Cuando nuestros niños y niñas tomaron la palabra para relatar una historia de su creación, inspirada en la imaginación de sus mayores, el círculo de la memoria familiar se completó de forma mágica.
La palabra hablada, se convirtió en un refugio donde el pasado y el futuro se abrazaron, una tarde, en el Kennedy con galletitas y chocolate.

