Algunos plurales posibles en tiempos de pandemia

Ante la búsqueda de un artículo de un especialista que explique qué hacer con su hijo o hija adolescente en tiempos de pandemia, nos resulta más acertado pensar en pluralidades.

Estamos profundamente convencidos de que no hay recetas posibles, no hay indicaciones que nos aseguren resultados exitosos aunque las sigamos al pie de la letra. Lo que sí podemos intentar aquí es una reflexión conjunta, invitarlos a pensar y cuestionarnos algunas cosas que estamos atravesando.

Hay una conclusión a la que sí pudimos llegar y es que no podemos hablar de La Pandemia, El Aislamiento, La Adolescencia. No hay una única forma de vivir este momento histórico; es una vivencia individual y subjetiva atravesada por nuestras condiciones concretas de existencia. De esta manera, entendemos que este período de aislamiento no lo experimentará igual un joven de Montevideo con un cuarto donde tiene una computadora, que uno que tiene compartir el espacio de clase virtual con cuatro hermanos y un solo dispositivo. Evidentemente, no será lo mismo para una adolescente que perdió a un familiar cercano a causa del COVID que para aquel cuyos seres queridos están sanos y vivos. Una familia que atraviesa la preocupación por la pérdida de una fuente de trabajo tendrá preocupaciones distintas a otra familia que sus ingresos se han mantenido estables. Todo esto impacta directamente en la vivencia del adolescente o la adolescente que vive en esa casa.

Cada familia transitará este momento de acuerdo a sus posibilidades y es fundamental ser respetuosos de las mismas. Esta pandemia se atraviesa como se puede; a veces muy lejos de como se quiere.

Necesidad de abri un paréntesis

El inicio de este tiempo en casa implicó que pudiéramos abrir un paréntesis en algunas cuestiones que fue necesario habilitar. Quizás previo al 13 de marzo de 2020 nos hubiésemos escandalizado si alguien nos decía que su hijo jugaba con la PlayStation hasta altas horas de la madrugada un martes o que nuestra hija iba a estar mirando una serie en Netflix más de cuatro horas seguidas. Hoy, en mayo de 2021, podemos problematizarlo. En tiempos de pandemia, fue imprescindible que habilitáramos cosas porque teníamos que cortar tantas otras. Hubo que dar algunos SÍ para que los NO fueran fuertes y claros. No se puede entrar a un comercio sin tapabocas, no podemos festejar cumpleaños, no podemos viajar, no podés ir a bailar. Es optimista pensar que en algún momento podamos cerrar ese paréntesis y que se puedan restablecer algunos límites que fueron modificados por adaptabilidad y acomodación al nuevo escenario.

Intimidad

La hiperconvivencia extrema, el hecho de estar todo el tiempo todos juntos nos ha hecho perder espacios de intimidad. Nadie puede poner en duda que el rol de las intituciones educativas va mucho más allá de la función pedagógica. En el colegio además de aprender Biología e Historia, conozco gente, me hago amigos, paso gran parte de mis días. Pero además, al ir al colegio el joven (también los niños y niñas) conquista nuevos espacios fuera de casa, íntimos, donde la familia no entra, y de este modo va construyendo nuevos terrenos de autonomía. Es así que se hace fundamental poder preservar el tiempo pedagógico como un tiempo de intimidad, obviamente atendiendo las necesidades específicas que pueda requerir cada estudiante.

Esta convivencia conlleva una paradoja. Pasamos muchas más horas juntos, pero esto no quiere decir que compartamos más actividades. Los adultos en casa están presentes, pero no siempre disponibles, y esto puede ser confuso para los más chicos. El año pasado un joven describía esta situación como “mis padres son como fantasmas; están y los veo pero no puedo hablarles ni pedirles nada”.

 

Validar las emociones

Durante estos tiempos de pandemia es bastante esperable que nuestras emociones fluctúen por todo el espectro. Al comienzo quizás nos pusimos contentos, pero a medida que pasó el tiempo se empezaron a hacer fuertes otras emociones como el miedo, el enojo por el encierro, la tristeza; y de ratos nos divertimos y nos ponemos contentos. Los cambios de estado de ánimo en la adolescencia son moneda corriente y, si a eso le agregamos una pandemia que nos hace estar encerrados, tenemos una combinación bastante explosiva. Entender a nuestros hijos, no minimizar lo que sienten, darles el espacio para poder expresar estos sentimientos, que aprendan a reconocerlos y los pongan en palabras, todo esto es un gran aprendizaje. Además, como adultos también transitamos distintas emociones, y a veces por no preocupar a nuestros hijos, hacemos de cuenta que “está todo bien” y terminamos negando algo que ellos perciben. De acuerdo a la edad que tengan y sin cargarlos de cosas que no pueden manejar, podemos contarles cómo nos sentimos; es esta una buena forma de incentivarlos a hacer lo mismo.

Algunas ideas

Por último, compartimos algunas posibles estrategias que tal vez no funcionen siempre para todas las familias, pero quizás puedan ser recursos que les sean útiles:

Ordenar el tiempo. Poder cortar con el tiempo de trabajo, desconectarnos.
Generar instancias de diálogo; charlar de lo que quieran mostrándose disponibles.
Crear propuestas que los incentiven a explorar distintas áreas, por ejemplo, hacer un concurso de cocina en casa, ver una película juntos, un campeonato de Trivial o algún otro juego de caja.
Hacer planes a corto plazo que sí podamos concretar, por ejemplo, el viernes cocinamos juntos algo rico o el domingo salimos a dar una vuelta en bicicleta.
Digámosles cosas que hemos descubierto de ellos, por ejemplo: qué bueno sos cocinando, qué rápido que resolviste la tarea de física, qué solidario que fuiste al quedarte cuidando a tu hermano o cómo te interesan los documentales vinculados a otras culturas. De esa forma los ayudamos a construir la imagen que tienen de sí mismos a partir de nuestra mirada como adultos.

Tengamos en cuenta que esto es transitorio.
Hoy no es siempre; estamos juntos.

Ana Buttazzoni
Lic. en Psicología

 

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